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Prises
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Elecciones en castilla y león
Las elecciones contra el proletariado
España, desde principios de año, ha iniciado un periodo electoral, con diversos episodios de elecciones regionales que deberán conducir al próximo enfrentamiento por el gobierno del estado en 2027. Han coincidido elecciones autonómicas que decían darse por fecha (como las de Castilla y León), con otras que han sido adelantadas por los gobiernos regionales del PP (partido conservador) como forma de desgaste del gobierno de la nación presidido por Pedro Sánchez.
Primero han sido las elecciones en Extremadura, después en Aragón, ahora en Castilla y León y el próximo mes de junio tendrán lugar las de Andalucía. Estas comunidades autónomas están siendo actualmente gobernadas por el Partido Popular en solitario, pero con la necesaria participación de VOX. El movimiento del PP iba encaminado a soltar lastre (frente a VOX) y a minar los apoyos y el poder del partido en el gobierno, el PSOE de Pedro Sánchez. Sin embargo, la maniobra parece no estar sirviendo para lo primero. Si el PSOE ha perdido en Aragón y Extremadura, no ha ocurrido lo mismo con VOX que ha seguido aumentando sus apoyos. El PP, lejos de conseguir convertirse en la única fuerza del cambio, se hace cada vez más dependiente de la extrema derecha. Pero al menos tiene una llave para llegar a la Moncloa.
Actualmente, Castilla y León es la región más extensa de Europa. Tiene 2.248 de los 8.131 municipios españoles y por extensión ocupa el 18,6% del país, pero solo vive el 4,8% de la población. El PIB de Castilla y León supone el 4,7% del total nacional, lo que la sitúa en séptimo lugar entre todas las regiones.
En términos demográficos, es la sexta región más poblada, con casi 2,4 millones de habitantes, el 4,9% de la población total; pero es la segunda región más envejecida, solo por detrás de Asturias y hasta hace bien poco ha sido una región principalmente emigrante (300.000 jóvenes en lo que va de siglo). Solo en los últimos años parece estar cambiando ligeramente la tendencia con la venida de inmigrantes que ya suponen una parte importante de la población en ciertas ciudades y comarcas. La región, que partía en el siglo XX con niveles económicos muy por debajo de otras regiones del Estado, ha ido convergiendo en los últimos años, con este contexto de estancamiento demográfico y crecimiento económico modesto. El paro es inferior a la media española, situándose en el 8,7%.
La emigración castellana y leonesa se ha dirigido durante todo el siglo XX hacia el exterior: a América antes de la guerra, a Europa durante el franquismo... al País Vasco, Madrid y otras zonas industrializadas durante los últimos 120 años. Este es el “problema de la despoblación”, un problema que ha servido al capital español para dar vida a sus polos industriales. Un problema que ha sido la oportunidad de algunos: en los 70, 80 y 90, los pueblos que iban perdiendo población vieron el crecimiento de las propiedades de ciertos empresarios agrarios con nuevas tierras compradas a los que se iban, arrendadas a los que ya no vivían, hasta convertirse en grandes poseedores. Los agricultores que hoy dominan el campo son principalmente esta burguesía agraria que ha crecido desde el franquismo. Estos empresarios agrarios se ven inmersos en el círculo de la productividad capitalista. Desde este punto de vista, el éxodo rural tuvo efectos realmente positivos para el capitalismo: los campesinos encontraron tierras, se convirtieron en empresarios agrarios, los emigrados les vendieron las parcelas que les quedaban... la reforma agraria largamente dilatada y la concentración son ya un hecho incontestable.
En cuanto a su estructura productiva, Castilla y León destaca por un mayor peso relativo de la agricultura (5,8% vs. 2,7% en España) y la industria, tanto extractiva (6,9% vs. 4,2%) como manufacturera (15,3% vs. 11,9%), donde sobresalen las ramas agroalimentarias, de automoción y química-farmacéutica. En 2024, exportó bienes por valor de 20.010 millones de euros, lo que supone el 5,2% de las exportaciones españolas. Los principales sectores exportadores son automoción (39,3% del total), alimentación (16,5%), sobre todo carne, y productos químicos (9,7%). La industria de Castilla y León ha crecido por encima del crecimiento de otras regiones, y viene impulsada por capital autóctono (automoción y agroalimentaria), nacional (madrileño, vasco y catalán) y extranjero (principalmente europeo). Su especialización como gran área de producción energética (antes térmica, siempre hidroeléctrica, ahora también solar y eólica) la convierte en la principal productora de España... al servicio de su propia industria, pero fundamentalmente de Madrid, del País Vasco y de otras regiones circundantes.
La clase trabajadora en Castilla y en León se concentra en las zonas urbanas; en las zonas rurales (que son la mayoría) existe, en diversas formas, desde el proletariado agrícola e industrial migrante, al autóctono que trabaja en alguno de los talleres, obras o factorías de la región. Pero el peso dominante lo lleva, en la calle, el “partido agrario”. Las rebeliones en las que ha participado el proletariado de lo que hoy es la Comunidad Autónoma, que han sido importantes (1856,1905,1917,1934...), han sido salvajemente derrotadas y la represión se ha cebado sobre ella. Pero esa clase ha vuelto siempre a organizarse, a resistir y a luchar. Lo demostraron fábricas como Renault o Cyfisa en los 70. Lo demostraron, en este siglo XXI, los mineros en Cistierna (en León), los jóvenes obreros de Gamonal (en Burgos).
Los problemas a los que se enfrenta el proletariado en estas tierras son los mismos, exactamente los mismos, que en cualquier región desarrollada: la emigración, el paro, la pobreza, la muerte en accidentes de trabajo, la carestía de la vivienda, el deterioro de los servicios asistenciales y públicos (sanidad y educación), la pérdida de salario real... El problema mayor de este proletariado es el mismo que el del resto, pero acrecentado, porque es escaso y suele estar muy solo frente a todas las fuerzas del oportunismo. Necesita reconocerse como clase, luchar unido contra los diversos poderes burgueses y pequeñoburgueses que dominan en muchos pueblos y pequeñas ciudades.
Las elecciones regionales son el circo con el que los acróbatas entretienen a la población, para que el final de la función sea cómo gestionar la explotación a todos los niveles. Y esto parece ser lo que se dirime en estas próximas elecciones. Si la región sigue con la práctica del diálogo social, la concertación sindical, será la comunidad tranquila que ha venido siendo durante la época democrática... pero quizá están llegando las zozobras que en todo el mundo sacuden las relaciones entre las grandes potencias y a las mayores economías. La guerra está cerca, que no a la puerta. Y eso es lo que parece significar el papel de partidos expresamente reaccionarios y autoritarios (pro-fascistas) como es VOX.
VOX entró en el gobierno regional en las pasadas elecciones. Propuso alguna medida destinada a romper el diálogo social, oficinas antiokupación, toros y muchas banderas de España. El PP lo aceptó, hasta que el propio VOX pensó que no quería ser muleta de las políticas del PP. Porque el PP tenía claro que estaba con VOX en un gobierno que... gobernaba el PP.
Las expectativas de este bloque, el bloque conservador, parecen las mismas que en las anteriores elecciones o con muy pequeños cambios. En el otro supuesto bloque, el del PSOE, parece haber un cambio en la región y unas mejores expectativas que en las últimas elecciones en Aragón o Extremadura. Pero la llegada de VOX supone un nuevo clavo que fortifica el poder conservador. Y sin embargo la ruptura del gobierno de ambos augura que las cosas no están fáciles. Los grupos de la izquierda (IU, Podemos) y los partidos regionales (UPL) o provinciales (Por Ávila, Soria ya) pueden sacar algún procurador, pero es difícil que puedan llegar a pactar por el gobierno regional.
Porque este es el problema de estas y de otras elecciones también: la extensión del virus de la burguesía, de la mentalidad democrática y la práctica del poder democrático: el municipalismo, el provincianismo, el localismo de la burguesía local y sus intereses. Las distintas facciones del capital se pelean por el reparto del pastel... el proletariado debe aprender a pelear por sí mismo, por sus intereses como clase, fuera del politiqueo personal y electoral. Para resistir primero, antes de tener la fuerza para poner fin a este sistema que vive de la miseria, la injusticia y la explotación, los proletarios y las masas pobres tendrán que tomar el camino de la lucha de clase contra los capitalistas, sus políticos y sus lacayos de toda especie.
El terreno electoral es un terreno minado de engaños. No es por medio de la papeleta electoral que se puede resistir a los ataques de los capitalistas, y de oponerse a los intereses dominantes. El único terreno sobre el cual es posible resistir a los capitalistas es el de la lucha abierta, ¡la lucha de clase!
Con su trabajo los proletarios crean todas las riquezas de la sociedad, y por ello tienen una fuerza revolucionaria potencial inmensa. Pero para que esta fuerza pueda concretarse, los proletarios tienen que organizarse sobre bases de clase, uniéndose por encima de todos los límites de empresa, corporación, profesión, sexo, raza, religión, provincia o nacionalidad. Primero, para emprender la lucha cotidiana de defensa, y después para llegar a la terrible hora de decidir entre democracia reformista y revolución proletaria, antes de poder lanzarse a la lucha revolucionaria para abatir el poder burgués e instaurar su poder dictatorial de clase, instrumento indispensable para extirpar al capitalismo.
¡ Contra la defensa de la economía nacional, por la defensa exclusiva de los intereses de la clase proletaria !
¡ No al circo electoral, sí a la lucha de clase !
23 de febrero de 2026
Partido Comunista Internacional
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