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Siria
Rojava: El fracaso de la “revolución” confederalista kurda
El 30 de enero de 2026, tras más de veinte días de combates, se alcanzó un acuerdo entre el gobierno sirio, liderado por el exyihadista Ahmed al-Sharaa desde la caída de Bashar al-Asad un año antes, en diciembre de 2024, y Mazloum Abdi, líder de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la milicia kurda que controlaba la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria (AANES), más conocida como Rojava. Si bien oficialmente los partidos burgueses kurdos de Oriente Medio celebran este acuerdo que evita una guerra civil, no obstante mantiene la “autonomía” local de la región y garantiza los “derechos nacionales” de la minoría kurda (1), en realidad, no cabe duda de que la victoria del presidente sirio marca el probable fin del proyecto nacional kurdo – supuestamente revolucionario y basado en los principios del confederalismo democrático – en su bastión más avanzado: el Kurdistán sirio.
Esta derrota de las FDS es tan solo la última etapa de un largo declive de la lucha nacional kurda, cuya etapa principal fue el anuncio del desarme y posterior disolución del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), la principal organización política kurda con sede en Turquía, por parte de su líder histórico, Abdullah Öcalan, en la primavera de 2025. Estos dos acontecimientos, lejos de ser aislados – ya que el fracaso de las FDS se explica en parte por la falta de apoyo del resto del movimiento kurdo, que estaba decidido a preservar el proceso de paz entre el PKK y Turquía – ofrecen importantes lecciones para los revolucionarios marxistas, tanto en lo que respecta a las rivalidades imperialistas en Oriente Medio como al fracaso de uno de los mayores mitos de la llamada extrema izquierda del primer cuarto del siglo XXI: el de una revolución confederalista kurda.
PANORAMA HISTÓRICO DE LA SITUACIÓN KURDA
El pueblo kurdo, cuya población se estima entre 42 y 48 millones según las últimas cifras, incluyendo entre 15 y 18 millones en Turquía y entre 2.5 y 3 millones en Siria, es históricamente un pueblo nómada, compuesto por pastores, ganaderos y agricultores, concentrados en la región del Kurdistán, un territorio con fronteras cambiantes debido a las características geográficas y morfológicas de la región, actualmente dividida entre cuatro Estados: Irán, Turquía, Irak y Siria. Minoría en cada uno de estos estados, han sido víctimas durante más de un siglo de auténtica opresión social y nacional, facilitada por la anexión de territorios habitados por kurdos durante las dos guerras mundiales y la evolución histórica del equilibrio de poder entre las potencias imperialistas, que utilizaron a los kurdos como peones en sus rivalidades imperialistas, desde el Reino Unido hasta Estados Unidos, e incluso la Unión Soviética.
Desde principios del siglo XX, los kurdos han sido perseguidos por diversos Estados que les impusieron una sedentarización forzosa para controlarlos mejor. Durante la presidencia de Mustafa Kemal Atatürk, entre 1937 y 1938, decenas de miles de kurdos fueron masacrados, sometidos a bombardeos aéreos y de artillería, gas venenoso y la quema de bosques y cuevas donde se habían refugiado civiles y combatientes, para sofocar una revuelta que había estallado en 1936 en la región montañosa de Dersim. Ante una represión masiva y casi constante, los kurdos desarrollaron gradualmente una conciencia nacional, pero su crecimiento se vio obstaculizado por dos dinámicas principales. En primer lugar, mientras que grandes contingentes de kurdos de Turquía, perseguidos, emigraron a países europeos, especialmente a Alemania, donde se convirtieron en auténticos proletarios, constituyendo una parte significativa del proletariado de la diáspora turca, la organización social tradicional, basada en la familia patriarcal y la tribu, persistió en las regiones kurdas. El atraso económico y social, así como el aislamiento de las tribus, impidieron el desarrollo de las condiciones materiales necesarias para el surgimiento de un movimiento revolucionario moderno, que solo podía ser pankurdo burgués. Divididos geográfica y lingüísticamente, los kurdos nunca lograron una revolución burguesa, cuyo objetivo habría sido establecer un Estado nacional unificado. En Turquía, carecían de la fuerza para oponerse a los ejércitos de Kemal y establecer el Estado prometido en esta parte del Kurdistán por las potencias imperiales victoriosas en el Tratado de Sèvres de 1920, que organizaría el desmembramiento del Imperio Otomano. Tras la victoria de los ejércitos de Kemal contra las tropas francesas, armenias y griegas, el Tratado de Lausana de 1923 ratificó la nueva arquitectura regional, en la que ya no había lugar para un Estado kurdo. Y hasta después de la última guerra mundial, ningún partido político encarnó la lucha nacional kurda carecía de una perspectiva revolucionaria. Esta falta de perspectiva revolucionaria permitió, a pesar de luchas a veces valientes, la masacre de poblaciones que resistieron la opresión de los Estados turco e iraní, deseosos de mantener su dominio sobre regiones de gran interés geoestratégico, debido a su importancia como rutas de tránsito entre Europa y Asia y a sus importantes yacimientos de materias primas.
Las primeras organizaciones políticas kurdas se formaron en torno a familias adineradas que se apoyaban en una base social campesina. Buscando el apoyo de las potencias europeas o de la Unión Soviética, promovieron el establecimiento de una república kurda confederada en lugar de un Estado centralizado. El primer partido que intentó unificar a toda la población kurda fue el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), fundado en 1946 por Mustafa Barzani, que buscó sucesivamente el apoyo del Reino Unido y luego el de la URSS. Décadas después, la revolución iraní de 1979 brindó una oportunidad para que partidos políticos kurdos, como los maoístas de Komala, el KDP y el Partido Fedayín del Pueblo, se unieran en una plataforma común exigiendo autonomía para el Kurdistán iraní, el reconocimiento del idioma kurdo, una administración descentralizada, incluyendo la policía, y libertades de religión, prensa, asociación y organización. Las guerras en Oriente Medio a menudo han sido una oportunidad para que los grupos kurdos, particularmente en Irak, apoyen al bando que se opone al Estado opresor, con la esperanza de que el vencedor les otorgue cierto grado de autonomía. Este fue el caso, en primer lugar, durante la guerra Irán-Irak de 1980-1988, donde el gobierno iraquí logró mantener su control sobre Kurdistán, pero aún más durante la Guerra del Golfo de 1991, donde la derrota iraquí permitió a las organizaciones kurdas “liberar” las ciudades de Sulaimaniyah, Kirkuk y Mosul. Sin embargo, a pesar de la esperanza depositada en las potencias imperialistas occidentales, estas mismas potencias permitieron que el gobierno iraquí recuperara el control de la región mediante terribles masacres, durante las cuales el ejército iraquí no dudó en usar napalm y armas químicas, a costa de decenas de miles de muertos y el exilio de millones de habitantes a las regiones vecinas de Irán y Turquía.
Prueba del cinismo sin límites de las potencias imperialistas que se proclaman amigas de los kurdos, a instancias de Turquía, que intenta desesperadamente impedir la strada de miles de refugiados kurdos a su territorio, encomendaron a Saddam Hussein la tarea de restablecer el orden, garantizando una pseudoautonomía a los kurdos. El enemigo jurado de ayer se convierte en el ejecutor del trabajo sucio de mañana…
Pero sería un error considerar a las organizaciones políticas kurdas como meras víctimas, constantemente traicionadas por las potencias imperialistas. Estas orgnizaciones no dudaron en recurrir a las artimañas más cínicas, incluso a costa de debilitar su propia causa. Así, durante la década de 1990, los partidos kurdos iraquíes firmaron acuerdos con Turquía, comprometiéndose a impedir el asentamiento y la organización de kurdos procedentes de Turquía. Mientras tanto, entre 1994 y 1996, una lucha interna entre facciones kurdas culminó con la victoria del PDKI (Partido del Kurdistán Democrático) de la familia Barzani, con el apoyo de Bagdad, sobre la Unión Patriótica del Kurdistán de la familia Talabani, con el apoyo de Irán. Para colmo de males, los servicios secretos iraquíes aprovecharon su victoria al lado del PDKI para asesinar a opositores que se habían refugiado en el Kurdistán iraquí, varios de los cuales habían trabajado para la CIA antes de ser abandonados en 1991, cuando Estados Unidos consideró preferible que Saddam Hussein controlara la región a que Irán se apoderara de ella. La historia de los kurdos parece resumirse, a lo largo del siglo XX, en la siguiente ecuación: incapacidad congénita de las organizaciones kurdas para librar una lucha nacional + confianza constantemente traicionada en las declaraciones hipócritas de sus padrinos imperialistas = inevitable desilusión y masacres. El cambio de protagonistas con el surgimiento del PKK y sus aliados sirios, y la experiencia de Rojava entre 2012 y 2026, que debemos analizar tras este extenso pero necesario panorama general, no iban a cambiar la situación.
¿EL PKK, UN PARTIDO REVOLUCIONARIO?
Fundado en noviembre de 1978, el PKK es una organización política nacionalista kurda y un movimiento guerrillero armado que opera desde Turquía, con conexiones dentro de la diáspora turca en Europa. Originalmente, defendía una orientación estalinista-maoísta y libró una guerra de guerrillas por la creación de un Kurdistán turco. Su aparente radicalismo y compromiso con la lucha armada, que contrastaban marcadamente con la moderación y la corrupción de las organizaciones kurdas tradicionales, inicialmente le aseguraron cierto éxito en su empeño para responder a la ira de los kurdos sometidos a una auténtica opresión por parte del Estado turco, que reprime cualquier intento de hablar kurdo o de organizarse de forma autónoma. El PKK, con la caída del bloque del Este y la desaparición de su protector soviético, abandonó toda referencia al “marxismo” en su variante estalinista y se volcó hacia el islamismo. Al mismo tiempo, renunció a la independencia del Kurdistán turco en favor de la mera autonomía y multiplicó sus ofertas de negociación al gobierno turco, llegando incluso a aprobar el voto de confianza de los diputados kurdos en el gobierno de centroderecha de Tansu Çiller, que demostraría su gratitud destruyendo e incendiando pueblos y aldeas kurdas y aumentando las ejecuciones extrajudiciales.
A partir de 2005, el partido volvió a cambiar su orientación política, adoptando el «confederalismo democrático», inspirado en los principios del teórico anarquista – denunciado incluso dentro de su propio movimiento por su moderación y posibilismo – Murray Bookchin. Oficialmente, esto implicaba promover la democracia directa, la toma de decisiones desde la base, la “socialización” de la economía – en realidad, la clásica autogestión burguesa donde los jefes son elegidos y pueden ser revocados por los trabajadores, mientras se mantienen el trabajo asalariado, la producción de mercancías y los intercambios entre empresas – y una federación de municipios. En resumen, un proyecto de “revolución” cantonal a la suiza, una democracia burguesa de la más alta calidad y una eterna repetición de viejos mitos libertarios y de autogestión, que han demostrado repetidamente su nocividad para el proletariado, pero que son difíciles de erradicar.
La trayectoria política del PKK desde la década de 1990 podría definirse como un patrón constante de derrotismo. Protegido durante mucho tiempo por el régimen baazista de Hafez al-Asad, que permitió al PKK utilizar las regiones kurdas de Siria como base de operaciones y que, según sus adversarios, el PKK recompensó con su colaboración con los servicios secretos sirios para reprimir la oposición al régimen. Pero fue abandonado por su aliado durante el acercamiento entre Siria y Turquía: El PKK fue expulsado de Siria y su lider Öcalan fue capturado por los turcos con la ayuda de Estados Unidos. Ya en 1999, tras su captura y posterior condena a muerte, conmutada más tarde por cadena perpetua, Abdullah Öcalan repudió la guerra de guerrillas librada por su partido, pidió perdón a la sociedad turca por las acciones terroristas de su partido y ofreció la rendición de su movimiento. Su “plan de democratización” incluía, por lo tanto, el reconocimiento de la lengua y la cultura kurdas, el reconocimiento constitucional de la ciudadanía kurda y un mayor poder para los funcionarios locales electos, a cambio de lo cual el movimiento se comprometió a poner fin a la lucha armada y respetar la integridad del Estado turco. Solo la mala voluntad de Turquía, gozando de un favorable equilibrio de poder no necesitaba negociar con un adversario mucho más débil, y que en cambio optó por lanzar una campaña de terror contra las regiones kurdas de Turquía e Irak, explica por qué el PKK se vio obligado, contra su voluntad, a continuar la lucha (2).
A principios de 2013, el partido volvió a hacer un llamamiento a sus simpatizantes para que depusieran las armas como parte de un nuevo proceso de paz que resultó tan efímero como el anterior, y en julio de 2015, los combates se reanudaron entre el PKK y el ejército turco. Finalmente, como último paso en esta larga serie de ofertas de capitulación, Öcalan pidió en febrero de 2025 desde su celda el fin de la lucha armada y la disolución del PKK. Este llamamiento fue bien recibido por la dirección del partido, que anunció un alto el fuego con el ejército turco al mes siguiente, antes de disolverse oficialmente en mayo de 2025. Hoy, las negociaciones de paz aún continúan, y la reticencia de los militantes del PKK a obstaculizarlas probablemente explica el tibio apoyo brindado a su partido hermano sirio, el Partido de la Unión Democrática (PYD), durante la ofensiva del régimen de Al-Sharaa.
ROJAVA, VITRINA DEL CONFEDERALISMO DEMOCRÁTICO Y REVELADOR DEL ATOYADERO EN QUE SE ENCUENTRA LA PSEUDOREVOLUCIÓN KURDA
Fundado en 2003, el PYD es la rama siria del PKK. Durante el levantamiento de 2011 contra el régimen de al-Assad Jr., que marcó el comienzo de casi 14 años de guerra civil, el PYD se distinguió de otras organizaciones kurdas en Siria por negarse a unirse a la oposición al régimen y por su deseo de mantener el contacto con Assad. Habiendo controlado de facto el Kurdistán sirio desde la partida de las tropas de Bashar al-Assad en 2012, que fueron redesplegadas por Assad a las regiones donde el levantamiento era más fuerte, el PYD estableció gradualmente un férreo control sobre la región, participando en sangrientos conflictos con los islamistas del Frente Al-Nusra y los rebeldes prooccidentales del PYD. El Ejército Libre Sirio, para preservar el control de la región, reprimió sangrientamente las manifestaciones pacíficas organizadas por opositores políticos, como en junio de 2013 en Amouda, donde varios manifestantes fueron asesinados y opositores secuestrados (3). Traducido al lenguaje de los libertarios que se encuentran entre los principales partidarios de Rojava en Occidente, junto con casi todos los grupos de “extrema izquierda” – este militarismo sangriento se convierte en un llamado a las poblaciones locales a “defenderse socialmente, coordinar sus milicias populares, confiar únicamente en su propia fuerza [...] para proteger su territorio y sus vidas y repeler a los yihadistas” (4).
La gran resonancia que Rojava ha encontrado entre la izquierda y la extrema izquierda occidental y que se confirmó durante la ofensiva del pasado enero con la formación de “caravanas” que supuestamente apoyaban a Rojava y demostraban solidaridad internacional, una farsa que recreó la tragedia de la participación de las Brigadas Internacionales de Stalin en la Guerra Civil española, con un programa que incluía trenzarse el pelo al estilo de las combatientes kurdas y bailar frente a los guardias fronterizos – se explica por la supuesta revolución democrática confederalista que presuntamente comenzó en Rojava en 2013. Sobre el papel, esta pacífica “revolución” al estilo suizo, con su organización en cantones y “consejos populares”, sus proyectos ecológicos y su liderazgo mixto, tiene todo lo necesario para atraer a estalinistas destituidos y trotskistas deseosos de añadir a su lista de regímenes “progresistasé, “antiimperialistas” u “obreros”, y a posibilistas libertarios.
Pero en realidad, Rojava presenta una imagen completamente distinta. Tras la fachada de una “democracia directa”, donde supuestamente las decisiones las toman las comunas, el verdadero poder político reside en manos de los líderes del cuasi-Estado de la AANES (Administración Autónoma del Norte y Este de Siria). Mientras que las comunas se contentan con gestionar asuntos estrictamente locales, como la distribución de gasolina o alimentos, la recogida de basura y la resolución de conflictos vecinales o familiares, el PYD coloca a sus militantes al frente de los tres poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial, cada uno representado por un consejo cuyos miembros son designados. Además, el PYD monopoliza la policía y el ejército y no duda en utilizarlos con fines represivos contra la población local. Así, además de la represión de la manifestación de Amouda en 2013, las FDS han recurrido con frecuencia al secuestro de opositores. En febrero de 2021, una manifestación pacífica protestó por el secuestro de maestros (¡!) por parte de las FDS con el pretexto de que se habían negado a implementar el nuevo plan de estudios. Rojava también ha impuesto el servicio militar obligatorio ya en el verano de 2014, sin dudar en reclutar a menores por la fuerza y arrestar a quienes se negaran. En Manbij, la introducción del servicio militar obligatorio en mayo de 2018 provocó una huelga general que fue sofocada por los combatientes de las YPG, (una milicia del PYD) con el apoyo de soldados estadounidenses. Otra huelga general estalló en 2021 por las mismas razones, agravadas por las dificultades económicas y la discriminación contra la población árabe, resultando en ocho personas baleadas por las autoridades. Ese mismo año, periodistas fueron arrestados por cubrir una manifestación contra el reclutamiento de menores para servir en milicias armadas kurdas (5).
Económicamente, Rojava es un régimen capitalista como cualquier otro. La propiedad privada está reconocida en la constitución de la AANES, y la mayor parte de la economía opera bajo un modelo mixto, como la electricidad, el gas y el petróleo, que se distribuyen mediante comisiones de la AANES o por empresas privadas dirigidas por asociados del PYD. Las principales fuentes de ingresos de Rojava provienen de la distribución de energía, los impuestos y los aranceles aduaneros. Si bien la mayoría de los trabajadores son empleados directamente por la AANES, el sector capitalista privado, representado por inversores de capital riesgo, empresarios y terratenientes, ha experimentado un crecimiento significativo debido al auge inmobiliario y las oportunidades de negocio que la administración regional ofrece al capital privado. Varios representantes de esta clase empresarial incluso obtuvieron puestos de responsabilidad en la administración. Como cualquier régimen capitalista, la AANES se vio “obligada”, ante la inflación y la disminución de los ingresos, a aumentar los precios de los alimentos y la energía, lo que provocó importantes luchas sociales que reprimió violentamente en su calidad de representante del orden burgués. Así, en mayo de 2021, la AANES decidió aumentar las tarifas de los autobuses. Esto desencadenó protestas en varias ciudades, incluidas Amoude y Deir ez-Zor, que fueron reprimidas brutalmente, provocando la muerte de al menos cinco personas. Al año siguiente, las fuerzas policiales kurdas impusieron un toque de queda y arrestaron a manifestantes en Raqqa que protestaban contra el deterioro de sus condiciones de vida (6). Finalmente, sumándose a un panorama ya desolador para la clase trabajadora de la región, Rojava adoptó una política de discriminación sistemática contra la población árabe local. El PYD fue así responsable de la destrucción de aldeas árabes enteras y de la limpieza étnica, bajo el pretexto de que estas aldeas habían dado refugio a miembros del Estado Islámico (7). Por lo tanto, ¿es de extrañar que decenas de manifestantes árabes se reunieran para celebrar la retirada de las FDS de la ciudad de Raqqa tras el avance de las tropas de al-Shara'a? (8).
EL CAMBIO EN LA ORIENTACIÓN ESTRATÉGICA DE EE.UU. EN SIRIA
“La misión inicial de las FDS como principal fuerza anti-ISIS sobre el terreno ha llegado prácticamente a su fin, ya que Damasco está ahora dispuesta a asumir las responsabilidades de seguridad, incluido el control de los centros de detención de ISIS” (9). Es difícil encontrar una declaración más cínica, y a la vez más honesta, que la del enviado especial de EE. UU. para Siria, el republicano Tom Barrack. Estas declaraciones bastan para comprender la rotunda derrota de las FDS y el PYD a manos del régimen sirio: se explica por el hecho de que el aliado estadounidense ha abandonado, una vez más, a sus aliados kurdos ahora que su utilidad está llegando a su fin.
De hecho, las FDS habían sido el principal instrumento de los estadounidenses en la región durante casi una década en su lucha contra el Estado Islámico (ISIS).
Tras decidir en 2013 que el derrocamiento del régimen baazista conllevaba el riesgo de desestabilizar la región y replicar la situación libia, debido a la incapacidad de las fuerzas de oposición para representar una alternativa sólida y fiable, Estados Unidos, si bien apoyaba a las denominadas fuerzas de oposición islamistas moderadas, se centró principalmente en la erradicación del Estado Islámico en la región, tarea que encomendó a su aliado kurdo. De este modo, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) se beneficiaron de la ayuda estadounidense en el entrenamiento de sus combatientes, así como en el suministro de equipamiento militar, incluyendo armas y vehículos blindados Humvee (10). Además, la coalición occidental, liderada por Estados Unidos, proporcionó apoyo aéreo a las tropas kurdas sobre el terreno, mientras que “asesores militares” de las Fuerzas Especiales francesas y británicas estuvieron discretamente presentes junto a los estadounidenses (11). Este apoyo, iniciado por Obama, se mantuvo a pesar de los cambios de administración y continuó durante el primer mandato de Trump y posteriormente bajo el de Joe Biden.
Estados Unidos puede presumir de haber apostado por el caballo ganador, pues en octubre de 2017, las FDS lograron recuperar la ciudad de Raqa del Califato Islámico, poniendo fin a la fase estatal de la organización, que ahora se ve obligada a limitarse a operaciones terroristas de menor escala, sin que ello signifique, sin embargo, desaparecer o dejar de ser una molestia para los Estados occidentales y las bases militares de la región. Hasta 2025, la coalición occidental delegó en los kurdos la responsabilidad de mantener a los 10.000 combatientes del Estado Islámico y a las 70.000 mujeres y niños yihadistas en vastos campos de prisioneros, para que los estados occidentales pudieran evitar la carga de repatriar a sus ciudadanos que habían viajado a Siria para unirse a las filas del grupo terrorista.
Tras la caída del régimen baazista en diciembre de 2024, sucedido por el yihadista depuesto Ahmed al-Sharaa, Estados Unidos reorientó su estrategia en la región para apoyar al nuevo régimen, considerádolo como una garantía de estabilidad. Ya en mayo de 2025, una cumbre reunió a al-Sharaa y Donald Trump, quien decidió levantar las sanciones contra Siria. El paso final en este proceso de normalización fue la eliminación del presidente sirio de la lista de sancionados del Consejo de Seguridad de la ONU, en noviembre de 2025 y, pocos días después, de la lista de personas consideradas terroristas.
Estados Unidos (seguido por Francia y Gran Bretaña) otorgó así al nuevo régimen vía libre para reintegrar las regiones autónomas de facto, incluida Rojava, al Estado central y sus fuerzas armadas. Ya el 10 de marzo de 2025, se firmó un acuerdo inicial entre al-Sharaa y Mazloum Abdi, jefe de las FDS, que estipulaba la integración de la AANES al Estado sirio. La reticencia de las FDS a renunciar a su autonomía fue la causa inmediata de la última ofensiva victoriosa del ejército sirio en enero de 2026, que culminó en un acuerdo de 14 puntos. Este acuerdo revela el doble objetivo del régimen sirio: políticamente, busca impedir a los intentos de autonomía regional mediante la imposición de una fuerte centralización, apenas disimulada tras un velo de vagas promesas de reconocimiento de los derechos nacionales kurdos y la concesión de estatus oficial al idioma kurdo. Así, las fuerzas militares y policiales kurdas se verán obligadas a integrarse en el ejército sirio y el Ministerio del Interior. Además, en el plano económico, el acuerdo permite a Al-Shara tomar el control de los vastos yacimientos de petróleo y gas que antes pertenecían a los kurdos. Finalmente, como señala Tom Barrack en la cita anterior, el Estado sirio será ahora responsable de la gestión de los prisioneros del grupo Estado Islámico.
Una vez más, la ilusión de
autonomía nacional kurda dentro del marco imperialista ha naufragado en los
arrecifes de la realpolitik y las cambiantes alianzas de las grandes
potencias, para las que las fuerzas locales son meros peones, movidos y
sacrificados según las necesidades del momento.
SOLO HAY UNA SALIDA PARA EL PROLETARIADO Y LAS MASAS KURDAS: LA PERSPECTIVA DE CLASE PROLETARIA.
En Siria, como en Turquía y en el resto de Oriente Medio, la única perspectiva realista para la emancipación de las masas desposeídas es la revolución proletaria. No cabe duda de que en todos estos territorios, el modo de producción dominante desde décadas ha sido el capitalismo. Sin embargo, la pseudorrevolución de Rojava no ha tenido nada que ver, ni directa ni indirectamente, con la revolución socialista. Aun suponiendo que sus partidarios desearan sinceramente – lo que no era el caso – establecer nuevas relaciones de producción, tal perspectiva habría sido una mera ilusión en una pequeña región agrícola: ¡el socialismo es imposible en una sola provincia! En lugar de replegarse a su territorio, los revolucionarios comunistas habrían buscado movilizar a todo el proletariado urbano del país como eslabón de una revolución internacional. En lugar de formar milicias populares, habrían formado guardias y luego un ejército rojo, bajo un estricto liderazgo proletario. En lugar de crear un poder democrático y laico, los revolucionarios habrían buscado construir la dictadura del proletariado, la única vía para destruir el capitalismo. En lugar de buscar el apoyo de las potencias imperialistas, los revolucionarios comunistas habrían llamado a los proletarios de todos los países a levantarse contra su propia burguesía, la única manifestación real de solidaridad internacional. Finalmente, en lugar de fundar un partido nacional – en el mejor de los casos, un partido pankurdo – y nacionalista, los revolucionarios comunistas se habrían organizado en un único partido del proletariado, el partido de clase internacionalista e internacional.
Ante la ausencia de tal perspectiva en Siria durante las décadas de 2010 y 2020, era inevitable que el levantamiento sirio desembocara en una serie de impases, cuyas consecuencias son ahora evidentes: un Estado sirio reformado en manos de antiguos yihadistas y una pseudorrevolución kurda que pereció sin gloria. La lección que el marxismo ha extraído de la historia de las luchas de clases es clara: no hay situación revolucionaria sin una lucha de clase proletaria liderada por un partido comunista revolucionario. Siria es solo un ejemplo entre muchos.
¿Significa esto que el proletariado debe ser indiferente al destino del pueblo kurdo? En absoluto. El proletariado kurdo constituye una parte significativa del proletariado turco, especialmente en la diáspora; es uno de los muchos destacamentos de este poderoso ejército proletario llamado a luchar contra el capitalismo. Para que se concrete la indispensable unidad del proletariado, es vital que los proletarios de países con una larga tradición de opresión contra los kurdos – empezando por Turquía – luchen con determinación contra toda opresión y por la plena igualdad de derechos. Esta es la condición esencial para superar la división fomentada deliberadamente por la clase dominante y todos los partidos nacionalistas, sean de izquierda, derecha o extrema derecha. En las metrópolis imperialistas, esto implica denunciar la instrumentalización de la “cuestión kurda” con fines imperialistas y la supuesta solidaridad de la burguesía con el pueblo kurdo: la solidaridad burguesa siempre es interesada y siempre se vuelve contra el proletariado. La verdadera solidaridad con los proletarios y las masas pobres de la región, kurdos y otros, será la de los proletarios cuando se lancen a la lucha contra “su” Estado y “su” imperialismo. La reanudación por parte del proletariado de su lucha de clases, desde una perspectiva internacional y bajo la dirección de su partido de clase, señalará el camino hacia el objetivo final: el establecimiento del comunismo para la emancipación, no solo de los kurdos, sino de toda la humanidad.
(1) Para un ejemplo de tales
declaraciones, véase la entrevista con la diputada turca Tülay Hatimogullari,
del partido prokurdo DEM, en Le Monde, 1 de febrero de 2025: https://www.lemonde.fr/international/article/2026/02/01/tulay-hatimogullari-la-politique-menee-par-ankara-en-faveur-de-damas-a-porte-atteinte-aux-negociations-avec-les-kurdes-en-
turquie_6664988_3210.html
(2) Para más detalles sobre la capitulación de Öcalan en 1999, véase nuestro artículo «La cuestión kurda: Öcalan y las ofertas de capitulación del PKK al Estado turco» en Le Prolétaire, n.º 1. 451. Noviembre-diciembre 1999.
(3) Véase la declaración del TCK (Movimiento Juvenil Kurdo) que llama a una «revolución» contra el PYD: https://syriafreedomforever.wordpress.com/2013/06/23/statement-by-the-kurdish-youth-movement-tck-about-the-latest-events-in-the-city-of-amouda-and-videos-and-pictures-from-the-protests-and-sit-ins/
(4) Folleto del 3 de octubre de 2014, de la Organización Comunista Libertaria (OCL), citado en nuestro artículo «Movilización proimperialista en torno al Kurdistán», Le Prolétaire n.º 1999. 513, octubre-noviembre de 2014.
(5) Los detalles sobre las manifestaciones y su represión se han extraído de la página de Wikipedia en inglés de la AANES: https://en.wikipedia.org/ wiki/Democratic_ Autonomous_ Administration_of_North_ and_East_ Syria
(6) La información sobre la economía de Rojava proviene de Sinan Hatahe, «La economía política de la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria», 29 de noviembre de 2019, disponible en línea: https://cadmus.eui.eu/ server/api/ core/bitstreams/ 78f2b451-3c5a-5e6b-b58a-399cea8ee3b3/content
(7) Véase el siguiente informe de Amnistía Internacional: https://www.amnesty.org/en/documents/mde24/ 2503/2015/en/
(8) Véase Le Monde, 19 de enero. 2026: https://www.lemonde.fr/international/article/2026/01/19/en-syrie-la-fin-du-reve-d-autonomie-kurde-au-rojava_6663198_3210.html
(9) Para la fuente de la cita, véase Le Monde, 21 de enero de 2026: https://www.lemonde.fr/international/article/2026/01/21/en-syrie-le-gouvernement-accorde-un-delai-aux-kurdes-pour-parvenir-a-un-accord_6663449_3210.html
(10) El 12 de octubre de 2015, Estados Unidos lanzó desde el aire cincuenta toneladas de municiones a las milicias de la región, principalmente a las FDS. Pocos días después, el presidente estadounidense Barack Obama anunció el despliegue de aproximadamente cincuenta soldados de fuerzas especiales para entrenar y coordinar a las FDS. Véase http://www.liberation.fr/planete/2015/10/30/des-forces-speciales-americaines-envoyees-en-syrie_1410157 y http://www.liberation.fr /planete/ 2015/11/12/l-etat-islamique-sur-la-defensive_ 14 12972
(11) 260228_syrie-rojava-fr https://www.lemonde.fr/proche-orient/article/2018/05/08/en-syrie-la-guerre-tres-speciale-de-la-france_5295972_3218.html
28 de febrero de 2026
Partido Comunista Internacional
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