|
|
Prises
de position - |
Francia
Bloqueos en los institutos: al enfrentarse al Estado y a sus fuerzas represivas, los jóvenes proletarios marcan el camino a seguir en las luchas reivindicativas
El Estado es, en última instancia, una banda de «hombres armados» (1). Esta verdad, expresada por Friedrich Engels en su obra fundamental El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado, la han vivido en carne propia miles de jóvenes proletarios de instituto que, desde el 21 de septiembre de 2026, han entablado un enfrentamiento —a menudo violento— con el Estado burgués; este último solo ha dado una respuesta a las reivindicaciones de los estudiantes: la porra.
De hecho, mientras que en toda Francia —y, en primer lugar, en Île-de-France— los estudiantes de bachillerato, a menudo procedentes de barrios populares, han iniciado el bloqueo de los centros educativos (hasta la fecha, casi 1 000 centros están bloqueados o son objeto de iniciativas por parte de los estudiantes (2)) para exigir más recursos para la educación, la sustitución de los profesores ausentes, la contratación de personal adicional, la reducción del número de alumnos por clase, la rehabilitación de los institutos en mal estado, la reducción de las cargas lectivas excesivas e incluso la abolición del Parcoursup —el mecanismo que selecciona y aplasta a los estudiantes—, el Estado ha preferido mostrar su verdadero rostro en lugar de mantener la máscara de corrección y respetabilidad. No cabe duda de que el hecho de que los principales impulsores del movimiento fueran jóvenes proletarios de origen magrebí o africano haya desempeñado un papel fundamental en la decisión del Estado de enviar a sus milicianos armados hasta los dientes a descargar la violencia sobre los jóvenes. Policía a caballo, furgones de los CRS, BRAV-M, disparos de LBD a quemarropa dirigidos a los ojos o a la mandíbula: se ha desplegado verdaderamente la artillería pesada para reprimir a una juventud en revuelta.
Los
proletarios y los revolucionarios no pueden sino alegrarse de que, ante esta
ola de violencia estatal, la juventud proletaria haya respondido en el mismo
terreno. En clara oposición a los pacifistas de todo tipo —representantes
sindicales y estudiantiles, políticos, grupos que se autodenominan
revolucionarios (!)— que instan al movimiento a mantenerse dentro de los
límites de la no violencia, del respeto por bienes y personas odiadas y de
la negociación con las autoridades, la inmensa mayoría de los ocupantes ha
aceptado el desafío, recibiendo a la policía con disparos de morteros
artesanales y adoquines o levantando barricadas improvisadas. En el momento
de redactar esta toma de posición, parece que 83 policías y gendarmes han
resultado heridos. Aunque estas cifras están, obviamente, exageradas por los
perros guardianes mediáticos y políticos del capital, palidecen ante las
cifras de la represión estatal. Según la policía, se ha detenido a más de
5.000 personas y se contabilizan casi 170 heridos entre los estudiantes. (3)
Ya nos llegan imágenes de jóvenes de entre 15 y 18 años que han perdido la
vista de un ojo o tienen la mandíbula fracturada por los disparos de LBD.
(4) No hay duda de que estas imágenes se multiplicarán, dado el placer que
siente la policía al desquitarse con los jóvenes proletarios.
No nos hagamos ilusiones: aunque las reivindicaciones parezcan a primera vista interclasistas —puesto que se refieren a los estudiantes de bachillerato en su conjunto, ya sean hijos de proletarios, de la pequeña o de la gran burguesía—, es evidente que la escasez de personal, las instalaciones ruinosas y la espada de Damocles del Parcoursup (que separa a los estudiantes en «buenos», destinados a acceder a las clases preparatorias, a las Grandes Escuelas y a las universidades de élite, y a los «malos», relegados a aulas universitarias abarrotadas y carentes de recursos o incluso expulsados de un sistema educativo que les ha hecho comprender desde el principio que no había sitio para ellos) afecta exclusivamente a los alumnos de bachillerato procedentes de entornos populares o proletarios. La radicalidad de las formas de lucha —bloqueos, ocupaciones, barricadas y enfrentamientos con las fuerzas del orden— constituye, por lo demás, una confirmación más de ello.
¿Significa acaso que los estudiantes de bachillerato se habrían convertido en una nueva vanguardia, al igual que los «jóvenes», las «mujeres», las «minorías», los «homosexuales», los «transgénero», los «campesinos» y los «obreros» —todos ellos uniformemente revolucionarios, como no dejan de proclamar a voz en grito los grupúsculos de la izquierda radical burguesa (ya sean anarquistas, trotskistas o maoístas), de los que el grupo trotskista Révolution permanente ofrece un ejemplo caricaturesco? (5). En realidad, como ya hemos tenido ocasión de señalar en varias ocasiones, a ojos de los marxistas la «juventud» no existe (6). Los jóvenes, al igual que el resto de la sociedad, se dividen en clases sociales cuyos intereses distan mucho de ser idénticos. Aunque comparten algunos rasgos comunes, su experiencia escolar difiere radicalmente según procedan de entornos populares o burgueses. Mientras que para estos últimos las ilusiones republicanas, meritocráticas y culturalistas pueden corresponder a una cierta realidad, los primeros saben muy bien qué pensar de las promesas de libertad, igualdad, fraternidad y ascenso social a través del trabajo, la escuela y la cultura. Tratados como alumnos de segunda categoría desde su entrada en el sistema educativo, abandonados por las instituciones y empujados lo antes posible hacia la salida para que puedan «integrarse en un mercado laboral» necesitado de jóvenes proletarios a los que explotar a su antojo, a sus ojos la escuela republicana encarna lo que nunca ha dejado de ser: una colosal farsa. ¿Cómo sorprenderse, pues, de que los jóvenes implicados en estos movimientos hayan empezado a incendiar edificios escolares, autobuses o mobiliario urbano? Lejos de representar una violencia ciega, como ciertas «almas bellas» que se autodenominan revolucionarias quisieran hacer creer, estos actos de vandalismo manifiestan la comprensión instintiva de que las promesas vacías de la República no van dirigidas a ellos.
Si hay que criticar este movimiento —fraternalmente, pero con firmeza— es por el riesgo de que dicha lucha, surgida de forma espontánea y organizada independientemente de los sindicatos y los partidos de izquierda, acabe siendo instrumentalizada por estos falsos amigos de los jóvenes proletarios. Tanto en los institutos como en los lugares de trabajo, los sindicatos desempeñan el papel de agentes de influencia de la burguesía en el ámbito proletario.
Ya se trate de la Union syndicale lycéenne (USL) o del Mouvement national lycéen (MNL) —auténticas canteras de burócratas sindicales, antesala de la Union étudiante (7) y apéndices de La France Insoumise (LFI)—, o de los numerosos cargos electos de LFI (como el diputado Denis Boyard, él mismo un antiguo burócrata sindical estudiantil, o el alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko), todos estos supuestos aliados del movimiento estudiantil tienen el único objetivo de encauzarlo por la vía muerta de la no violencia y la negociación con el Gobierno.
No tardó mucho, pues, en que nuestros aprendices de burócratas entablaran una cortés conversación con el ministro de Educación Nacional entre el boato de los grandes palacios ministeriales, o en que el líder de LFI y eterno candidato a las presidenciales exhortara a los estudiantes de bachillerato a utilizar «solo métodos de lucha no violentos» (8). No hacía más que seguir los pasos de su compañero Bally Bagayoko, quien, ante las cámaras oportunamente colocadas, invitaba con tono pontificador a los estudiantes a mantener la calma y a rechazar la violencia (9). Ni se nos ocurra que la violencia de los estudiantes de bachillerato repercuta en el candidato Mélenchon, quien debe demostrar sentido de la responsabilidad y capacidad para mantener el orden republicano si quiere aspirar al máximo cargo del Estado. Lamentablemente, la acogida positiva que los representantes electos de LFI parecen obtener en los cortes de carretera o en las manifestaciones pone de manifiesto el peligro real de que el movimiento acabe siendo absorbido por la burguesía. Corresponde a los revolucionarios poner de relieve ese peligro, sin hacerse ilusiones sobre la capacidad de los jóvenes proletarios para asimilar esta orientación política en un período de reflujo de la lucha de clases.
Corresponde, además, a los revolucionarios recordar la necesidad de una solidaridad proletaria con este movimiento. No solo porque sus hijos están implicados, y no solo porque una amplia parte de la población —6 de cada 10 franceses, según encuestas de valor discutible pero que ofrecen una idea, aunque imperfecta, de la resonancia del movimiento en la sociedad (10)— considera legítimas las reivindicaciones de los estudiantes de secundaria; sino, sobre todo, porque solo el proletariado, luchando en el terreno de la producción, es capaz de amenazar de forma duradera el dominio del capital. Si los estudiantes de bachillerato en lucha son hijos de proletarios y, con toda probabilidad, futuros proletarios, aún pertenecen solo potencialmente a ese sujeto revolucionario identificado por Marx, cuya fuerza reside en la posición central que ocupa dentro de la estructura productiva (donde se extrae la plusvalía, savia vital del capitalismo sin la cual este no puede sino derrumbarse) y en el contacto cotidiano con sus compañeros de clase en el lugar de trabajo; ese contacto favorece una primera toma de conciencia de la pertenencia a la clase obrera, clase caracterizada por la doble naturaleza de ser, dialécticamente, a la vez explotada y revolucionaria. Los estudiantes de bachillerato no constituyen un nuevo sujeto revolucionario, ni un recurso ante la relativa pasividad de la clase obrera, no solo en Europa, sino también en el resto del mundo.
Como afirmaba Trotsky a propósito de la juventud estudiantil, en una época en la que esta era aún predominantemente pequeñoburguesa: «cuando la burguesía se niega consciente y obstinadamente a resolver los problemas derivados de la crisis de la sociedad burguesa, y el proletariado aún no está preparado para asumir esa tarea, son a menudo los estudiantes quienes ocupan el escenario. Durante la primera revolución rusa, observamos este fenómeno en varias ocasiones. Siempre ha tenido para nosotros un gran significado: esa actividad revolucionaria o semirrevolucionaria implica que la sociedad burguesa está atravesando una crisis profunda. La juventud pequeñoburguesa, al percibir la acumulación de una fuerza explosiva en el seno de las masas, intenta a su manera encontrar una salida a este callejón sin salida impulsando la situación política» (11).
Ciertamente, la lucha de los jóvenes —precisamente en virtud de su radicalidad y de su propensión a ser los primeros en entrar en acción (característica que hizo que figuras de las organizaciones juveniles socialistas como Karl Liebknecht o Amadeo Bordiga figuraran entre los mejores revolucionarios)— puede servir de chispa y preceder al despertar de ese gigante dormido que es el proletariado. Sin embargo, está abocada a quedar en vano si no logra extenderse a la única clase revolucionaria: el proletariado. Recordando oportunamente que solo el recurso a la violencia —frente a la represión de un Estado que nunca duda en emplear los métodos más brutales para preservar su orden podrido— permite vislumbrar el éxito en las luchas reivindicativas, los jóvenes proletarios han marcado el camino. Ahora le corresponde al proletariado aprender de esta lucha, gracias a la inestimable e indispensable ayuda de su partido de clase. «Esto no podrá suceder de la noche a la mañana; sin contar con la represión, habrá muchos obstáculos que superar, intentos de instrumentalización que evitar, falsos amigos «de izquierda» o «demócratas» de los que hay que alejarse; pero al romper, al menos temporalmente, la asfixiante paz social, la actual revuelta espontánea contribuye objetivamente a acercar esta perspectiva», escribíamos en 2023 con motivo de las revueltas que siguieron a la muerte de Nahel (12). Esta previsión sigue siendo tan válida hoy como lo era hace tres años.
(1) El origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado. En K. Marx y F. Engels, Obras escogidas (Tomo III, pp. 203–352). Editorial Progreso. (Obra original publicada en 1884),cap. IX, «Barbarie y civilización», en «Escritos, mayo de 1883 – diciembre de 1889», ediciones Lotta Comunista, Génova 2014, p. 153. En esta traducción, el pasaje afirma, tras señalar que el Estado se caracteriza, en primer lugar, por la subdivisión de sus ciudadanos en función del territorio, que «el segundo aspecto característico del Estado es la institución de una fuerza pública», separada de la población; además, «esta fuerza pública existe en todo Estado y no solo cuenta con hombres armados, sino también con medios materiales, prisiones e instituciones penitenciarias de todo tipo»; es un «poder que se refuerza a medida que se agudizan las contradicciones de clase en el seno del Estado y que crecen en poderío y población los Estados vecinos».
(2) «Institutos bloqueados: el ministro de Educación Nacional anuncia que mañana permanecerán cerrados “poco más de 400 centros”», BFM TV, 1/10/2026: https://www.bfmtv.com/societe/education/
(3) «Bloqueo de los institutos: fuerte movilización, actos violentos y destrozos, movimiento confirmado... Lo que hay que recordar de la jornada del viernes», Le Monde, 2/10/2026: https://www.lemonde.fr/societe/live/2026/10/02/
(4) «Un estudiante de instituto herido el miércoles 30 de septiembre en Tours: “Maël ha perdido la visión de un ojo”», La Nouvelle République, 2/10/2026: https://www.lanouvellerepublique.fr/tours/; «Bloqueo de los institutos: el adolescente alcanzado por un LBD en Val-d’Oise sufrió una doble fractura de mandíbula», 20 Minutes, 2/10/2026: https://www.20minutes.fr/faits_divers/
(5) Véase, por ejemplo, «Un aire de Gran Rechazo», Révolution permanente, 4/10/2026: https://www.revolutionpermanente.fr/Un-air-de-Grand-Refus
(6) Véase nuestro artículo «Manifestaciones de la generación Z: no será “la juventud” la que derrote al capitalismo, sino el proletariado unificado tras su partido de clase», Le Prolétaire n.º 559, noviembre-diciembre de 2025; il comunista, n.º 189, noviembre de 2025-enero de 2026.
(7) Principal sindicato estudiantil por número de afiliados y votos, que ha sustituido a la UNEF, ahora reducida a la mínima expresión; está estrechamente vinculado a La France Insoumise, partido que, por otra parte, ha expresado su apoyo al movimiento de los estudiantes de secundaria.
(8) «“No sirve de nada provocar incendios”: Jean-Luc Mélenchon invita a los jóvenes a utilizar “solo métodos de lucha no violentos”», BFM TV, 1/10/2026: https://www.bfmtv.com/ politique/la-france-insoumise/
(9) «Bloqueo de los institutos: Bally Bagayoko, alcalde de Saint-Denis por LFI, defiende su presencia junto a los manifestantes», Le Monde, 1/10/2026: https://www.lemonde.fr/ politique/ article/2026/10/01/
(10) «El 62 % de los franceses considera justificado el movimiento estudiantil de los institutos, según una encuesta de Odoxa», L’Humanité, 3/10/2026.
(11) Trotski, L. (1977). Las tareas de los comunistas en España. Carta a Contra la Corriente. En P. Broué (Comp.), La revolución española (1930–1940) (Vol. 1, pp. xx–xx). Fontanella. (Obra original escrita en 1930) Las partes subrayadas las hemos resaltado nosotros. Sin embargo, hay que precisar lo siguiente: León Trotski, en esta carta, trata las manifestaciones estudiantiles contra la dictadura de 1923-1930 como si se tratara de una actividad «revolucionaria o semirrevolucionaria», considerando la España de aquella época, y sobre todo la de 1936-1939, al mismo nivel que la Rusia de 1905-1917, es decir, como si se tratara, en el caso de España, de una revolución burguesa aún por llevar a cabo. En realidad, no se puede considerar que la España de entonces estuviera aún a la espera de una revolución burguesa, ya que esta ya se había producido, completándose con todas sus contradicciones y sus límites en los años comprendidos entre 1874 y 1876. Lev Trotski, al considerar las manifestaciones de la pequeña burguesía estudiantil de aquellos años como una actividad «revolucionaria o semirrevolucionaria», en realidad les atribuía, generosamente, una característica que en realidad no tenían.
(12) «Rivolte nei quartieri proletari. Il capitalismo è responsabile dei crimini della polizia, delle oppressioni e della miseria. È lui che bisogna combattere, è lui che bisognerà abbattere!», Le Prolétaire n. 549, giugno-luglio-agosto 2023. Vedi anche il comunista, n. 178, giugno-agosto, «Francia. La lotta contro le violenze della polizia può essere condotta realmente solo su una base anticapitalista!»
4 de octubre de 2026
Partido Comunista Internacional
Il comunista - le prolétaire - el proletario - proletarian - programme communiste - el programa comunista - Communist Program
www.pcint.org
Top - Volver sumarios - Volver archivos